Eliza es bella, inteligente e independiente y a los 29 años de edad aún sigue soltera por su propia voluntad. Ella quiere encontrar la felicidad a través de su vida profesional y de su vida privada. Ella resiente una sociedad que llama a los hombres solteros de su edad “buenos partidos", mientras que a las mujeres las llama “solteronas”. Gracias a su habilidad para expresar sus opiniones en papel, Eliza consigue un puesto dentro de una prestigiosa revista y así comienza su columna “Solterita y a la orden”. Sólo hay un problema: su jefe es un soltero-millonario súper cotizado quien ella conoce del pasado. Se trata de la misma persona que en bachillerato era el típico chico tímido e inteligente de quien todos se burlaban, incluyéndola a ella. Ahora a Eliza le toca rendirle cuentas, y a pesar de sus continuos encontronazos, entre ellos existe una gran atracción.